martes, 23 de junio de 2015

¿HASTA CUANDO VAMOS A AGUANTAR?

Hacia mucho que no me dignaba a escribir y en la última entrada, sin pedírselo, el camarada Rata de Cloaca excusaba con un motivo de peso al introducir la entrevista de Olmo los porques. El susodicho, convertido de nuevo en periodista andergraun sin pretenderlo en ningún momento,  como si tal payaso moderno asqueroso que necesita llenar de banalidad su memoria a corto plazo para poder contar algo en el bar de mierda, al que va su fin de semana de mierda, con sus amigos de mierda, para beber una cerveza de importación de mierda porque como buen imbécil desprecia las mahous gloriosas que bebe la gente vulgar, pero vamos que en el caso del Rata de Cloaca no es así, no cunda el pánico y sobretodo sin desviarnos, nuestro aliado a la muerte pone encima de la mesa que nuestras vidas volvían a girar en torno al trabajo. Ante tal situación de emergencia me he vuelto obligado a ponerme manos a la obra y decir bien claro que trabajar, lo que es trabajar, ciñéndonos a su definición científica lo ha hecho siempre un servidor y lo hace toda la tropa, todos los minutos, todas las horas y todos los malditos días. Por eso me gustaría matizar que se debe referir a trabajar por un sueldo como en la mejor serie del mundo, protagonizada por supuesto por dibujos animados, Homer lo describe de manera magistral, hacemos masa de cemento o pan, golpeamos teclas de un ordenador, servimos copas o reponemos estanterías por jodido dinero.




Y ya después de esa pequeña pero imprescindible puntualización, se me viene a la cabeza una pregunta, ¿existe el equilibrio?


No nos vayamos por las ramas, no me refiero a esa tropa que anda encima de una cuerda, ni siquiera a esos chavales que todos miramos alguna vez atónitos en el parque cuando ataban una cinta entre árbol y árbol para caminar encima, ni a los que sortean coches en los amasijos de asfalto para limpiar los parabrisas de curritos o pijos en los semáforos en rojo, y vuelva la redundancia del principio, por unas monedas, sino a una contradicción, la contradicción de las contradicciones.

Ojo, tampoco me refiero a las carreras que se producen en el metro a las seis o siete de la mañana para poder ir sentado en el siguiente trasbordo, gente de lunes a jueves con traje y el viernes con chinos y camisa con botones en el cuello, que al mediodía come las lentejas de un taper que lleva en una mochila bandolera de forma cúbica, que viste vaqueros y lleva una mochila con poca ropa de gimnasio o compagina una camiseta de propaganda con un pantalón lleno de manchas de pintura, aquí nadie se libra.  Competiciones que sin duda muestra la capacidad de análisis que tienen las personas sin darse cuenta, todos somos conscientes de lo que viene luego aunque nos pongamos una venda en los ojos intencionada o no. Solo puede haber una explicación, apuramos para poder disfrutar de un jodido trozo de nuestro día, y eso que el año tiene trescientos sesenta y cinco, con el lomo relajado, porque sin duda sabemos, en primer lugar que todos son iguales (o casi todos), y en segundo que  en ese día en concreto, lo que viene luego al salir de la estación de salida es una putada. Por eso deseamos que se pare el tiempo para no que no interrumpa la aséptica melodía de la alarma o deje de molestar el tecno a todo trapo que adrede o no suena en los cascos del colega de al lado, descansar en ese vagón, en esa estación, en ese instante porque el día anterior cuando salimos del tajo hicimos lo que más nos gusta y no dormimos lo suficiente, ya sea beber botellines, jugar a los marcianitos, organizar la enésima colección que hemos iniciado, ver más capítulos de la cuenta de nuestra serie favorita o por mucho que me joda que exista gente así, escuchar recopilatorios  de los sonidos tribales punteros de la tercera isla más grande de la Polinesia (escuchar los Cicatriz es algo muy típico de gente que comparte litronas), pero vamos, que más da eso.


Vamos a centrarnos y resumir porque para lo habéis pagado ya esta bien, la mayor contradicción de los equilibrios de este mundo es como poder gastar tiempo en llenar la cartera de manera que nos queden también minutos y energía para poder abrirla, con cremallera, botón o lo que tenga y vaciarla. Apuras la botella de agua con tu amigo que por la solidaria necesidad  de tu compañía acaba de comprar, para luego en el momento que firmas tu contrato de atleta en el anden de turno no puedes ser tu el que compra una buena horchata artesana para echar la tarde viendo como se escapa por la alcantarilla. ¿Existe un mayor porvenir, que diga contradicción?, no queremos el fin de semana, queremos la semana entera. Así que si queréis leer entradas diferentes todos los días empezar a pagarnos y además haréis a el mariscal Bilipotas muy feliz, mientras seguiremos escuchando a los Tango.


                                                              ALVARITO CERVEZAS




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